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La Coctelera

Kihei Opxli Naqer

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30 Octubre 2006

El futuro de las elecciones

Nos mintieron. Ni coches voladores ni robots esclavos. Tampoco las colonias espaciales en la Luna. Por cierto: ¿Dónde están las mujeres-holograma? ¿Y la pastilla que nos alimentará para una semana? Aunque parezca mentira, en el año 2000 (y pico) todavía se puede vivir sin ordenadores. La informática todavía no es esencial para el ser humano. El progreso -digánselo a los visionarios de los años 50 del siglo pasado- está tardando demasiado en llegar.

Aunque mi adolescencia tuvo lugar en el boom de los ordenadores (es decir, aquella época en la que ya no era descabellado e inasumible comprarse un pecé de última generación), todavía soy reacio a que mi vida cotidiana se informatice. De hecho, lo único importante que hago con un ordenador delante es la matrícula de la Universidad. Y porque nos obligan, ojo. Siempre reviso entre cuatro y cinco veces que el proceso ha llegado a su fin de forma correcta, sin ningún sobresalto o error. Eso, en un papel, no lo haría jamás.

Algo parecido me pasaría si viviese en EE.UU y tuviese derecho a voto. El verdadero cambio cultural no está en la comida, ni siquiera en el tema deportivo, sino en la forma de votar a nuestros representantes. Para empezar, allí tienes que apuntarte para votar. No sirve estar únicamente censado. En teoría tendrías que ir a alguna oficina y pedir que te incluyan en la lista de tu distrito, aunque por fortuna los partidos políticos se encargan de todo el papeleo; basta con pasearte unas semanas antes de las elecciones por una calle concurrida y te asaltarán cientos de voluntarios con la misma pregunta: ¿está registrado? ¿No? Deme sus datos y ya está todo hecho.

Superado el primer escollo llega el día de las elecciones. Si son presidenciales, es decir, las que deciden el futuro del mundo -o eso es lo que dicen los antiestadounidenses de salón- te esperan horas y horas de larga espera. Nos contó una compañera que vive en Florida que, en las elecciones de 2004 tuvo que esperar 5 horas para poder votar, y eso que el colegio electoral estaba en su Universidad. Menos mal que el Decano tuvo a bien repartir bocadillos y bebidas para que nadie desistiera y se marchara a su casa.

Estamos dentro. Pueden aparecer ante nosotros las cabinas con cortina marrón de las películas, o simplemente hay que perforar una tarjeta que contiene nuestro sufragio. Esto no me ha quedado muy claro porque, al parecer, en cada Estado se vota de una forma distinta. Es lo que tiene el federalismo.

Después del escándalo de Florida en las presidenciales de 2000 han modernizado algo el sistema y se ha potenciado el voto electrónico -se utiliza un ordenador dispuesto en el colegio electoral- respecto al mecánico gracias a una ley, la Murphy's Law. Lo cuenta en un interesante artículo la Revista Time y, aunque no lo entiendo del todo por culpa de mi limitado inglés, se pueden extraer algunas conclusiones:

- Aparte de la tradicional división entre demócratas y republicanos, se empieza a ver una dialéctica entre aquellos que creen en el progreso tecnológico y los que no confían en chismes y máquinas. Esta confrontación de pareceres tiene raíces mucho más profundas que no tienen nada que ver con lo que estoy contando.

- Se han detectado varias vulnerabilidades en los ordenadores que registran los votos: estudiantes de la Universidad de Princeton han encontrado tres vías diferentes para introducir programas que podrían manipular los resultados.

- Se han detectado erratas en nombres y apellidos de los candidatos que podrían inducir al error, especialmente en gente con poco nivel cultural.

- Esto lo digo yo: si el voto electrónico es el único posible, podría desincentivar la participación de colectivos tradicionalmente abstencionistas, como negros e hispanos.

- No hace falta decir que con una máquina es más fácil manipular el voto de una persona. Por ejemplo: usted marque esta casilla, hágame caso, que es muy fácil

Si por mí fuera votaría toda la vida con el método del sobre -o sobres- que se introduce en una urna trasparente. Al menos de esa forma sé que empíricamente mi voto está dentro y que es muy difícil que alguien lo destruya o no lo contabilice con tantos interventores, presidentes, secretarios, vocales y testaferros juntos. Sin embargo, no hay que caer en la fácil tentación de llamar imbéciles a los estadounidenses por tener un sistema tan defectuoso. En el pasado referéndum de la Constitución europea se probó por primera vez el voto electrónico -que es parecido al de EE.UU-, pero no tenía valor legal. 52 ciudades acogieron la iniciativa (Alcoy, mi ciudad, fue una de ellas) y sólo votó un 0'54% del censo. Es evidente que España no está preparada para un sistema que tarde o temprano tendrá que llegar, aunque sólo sea por ahorrar papel y salvar un par de árboles. Además, 300 millones de estadounidenses son muchos y, aunque la participación sea más bien baja, los votantes superan en mucho al total de españoles. Es lógico pensar, pues, que la papeleta se ha quedado anticuada.

Al final será cierto el aterrador mensaje subliminal que lanza la serie Futurama: para ver el futuro que nos prometían, y que no nos han dado, tendremos que esperar hasta el año 3000.

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Kihei Opxli Naqer

Alcoy, España
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Mi anterior blog estaba alojado en bitacoras.com hasta que me cansé de tanto fallo. Ahora sigo escribiendo más o menos lo mismo, pero en otro sitio. Hola, ¿qué tal? Me llamo Guille, tengo 21 años y estudio 4º de Historia. Aquí estoy y aquí pretendo quedarme durante mucho tiempo. Creative Commons License
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