Hay dos momentos en la historia de mis gadgets cacharros digitales: el primero se remonta a agosto de 2004, en las Olimpiadas de Atenas. Vi con mis propios ojos [¡Pleonasmo! ¡Pleonasmo!] que una periodista grababa unas declaraciones de un atleta con una cámara Kodak idéntica a la mía. Supongo que se le olvidaría el magnetófono en casa y tiraría de la opción para grabar vídeo y sonido que tiene la cámara.

El segundo momento es de esta misma semana: a los triunfitos de OT les han regalado un portátil Vaio. Uno para cada uno. A Xavier también.

[No sé de qué me sorprendo]